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Hay jonrones que uno no espera en la vida. Ni siquiera tratándose del mejor de los bateadores. Pero Darilys nos acostumbró siempre a los batazos descomunales. El de este viernes 25 de octubre fue, definitivamente, el más largo e inesperado, por encima de todos los estadios posibles.

Murió en el camino de su pasión: el béisbol y los Elefantes de Cienfuegos, de regreso del Estadio 5 de Septiembre, que innumerables veces la abrazó en sus gradas. Para ella no podía ser de otra forma. Durante una década dirigió la página deportiva de nuestro periódico impreso, convirtiendo su séptima plana en vitrina de las luces y ocasos del deporte local, pero especialmente de los peloteros.

El verde fue el color que marcó su existencia. Verde para vivir y soñar en grande. Como en esas crónicas que, totalmente parcializada y honesta, nos regaló día tras días en la versión digital del Periódico 5 de Septiembre, en su muro personal de Facebook y en su blog especializado El elefante verde, uno de los mejores en Cuba.

Para sus colegas aquella pasión nos pareció a veces inusitada, desmedida, sin límites. En los momentos pocos felices del equipo, llegamos a gastarle nuestras bromas. Que fuera ella a lanzar o a batear, “a ver si ganan”, le decíamos, y respondía con una mirada del tipo “no te soporto” o una frase muy Darilys: “se nota que me quieres”. El béisbol era parte de su universo, al que con insistencia nos invitó a viajar a todos en la redacción del “5” en su travesía cotidiana al cuartel general de  los Elefantes.

Pero fuera del diamante beisbolero, Darilys brilló por mucho más. Laboriosa como ninguno de los reporteros del periódico. Solía entregar hasta dos trabajos por día. Ágil para escribir, de susto. Llegaba en las mañanas, se sentaba en la computadora y, mientras algunos gateábamos en el título y lead de la noticia, ella, en unos pocos minutos, conseguía redactar sus textos. En un estilo inconfundible: de oraciones cortas y contundentes.

Los múltiples premios que recibió en su efímera carrera profesional, la situaron entre las periodistas jóvenes cubanas más reconocidas en el país. Además de obtener varios lauros en el concurso nacional de periodismo deportivo José González Barros, mereció también el Premio Nacional de Periodismo Cultural Rubén Martínez Villena, de la Asociación Hermanos Saíz, y en tres oportunidades alcanzó el Premio Juan David por la Obra del Año, que otorga la filial de la Unión de Periodistas de Cuba en Cienfuegos.

Darilys fue de esas personas con la capacidad de inventarse el placer a cada instante. Cuando se enroló en su maestría en Historia y Antropología no hallaba descanso entre los viejos periódicos archivados en la Biblioteca Provincial, el “5” y el deporte. Nosotros nos preocupábamos, pero ella lo disfrutaba. Aquello la hacía tremendamente feliz.

Luego vino al mundo su Samuel y demasiados soles se confabularon en una mujer iluminada. A sus 33 años lo era todo: madre, esposa, hija, profesional, colega, amiga. Había reseñado cientos de cuadrangulares y escrito los más importantes de su vida. O eso creímos. Hasta este viernes 25 de octubre, cuando la  pequeña de Los Elefantes, nuestra Fantita, pegó el último jonrón. Directo al alma.

Para quienes te admiramos y queremos (familiares, amigos, colegas y seguidores), el recuerdo será esa metáfora que nos ofrece la vida como única opción ante la inconformidad.

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