Covid-19 Divide y vencerás

Una línea en el piso nos separó bruscamente. El delgado trazo en el suelo de granito dividió nuestros mundos dentro del mismo mundo. De un lado, el heroísmo; del otro, el riesgo inminente.

Desde la caprichosa geografía en la que de pronto nos encontramos, fuimos advertidos de no rebasar la improvisada frontera, a dos o tres pasos de nuestros pies.

-No pueden cruzar esa raya, dijeron.

Una raya era, exactamente, el límite entre la amenaza y la seguridad. Entre el abismo y el cielo. El borde de un precipicio. Demasiado si lo pensamos; diríase que otra más de nuestras humanas exageraciones. Solo que esta vez necesaria. Una raya era el límite para entender la dimensión del peligro y el significado de estar cerca del barranco.

De un lado, ellos, los médicos. Vestidos con trajes verdes que apenas dejaban al descubierto sus ojos. Del otro, nosotros, los periodistas. Buscadores de historias para contar en los diarios y noticieros. Al centro, una línea, y en el filo de ella, testimonios que de seguro recordaremos con los tintes épicos de las batallas ganadas.

En el Centro Especializado Ambulatorio (CEA) Héroes de Playa Girón, los doctores Arlenys y Yerislandys hicieron volar sus palabras sobre el límite impuesto. Hablaron de la experiencia de hallarse, por primera vez, ante una situación tan grave, de su juventud, de la atención a sospechosos, con factores de riesgos y a contactos directos de casos positivos. Hablaron de la responsabilidad, del honor, y en alguna frase quedó en la grabadora ese sentimiento de emoción que solo guarda la mirada.

Una raya era, exactamente, la muralla erigida entre los héroes y los cantores de sus hazañas. Por arriba cruzaron los micrófonos de la televisión, los celulares y grabadoras del periódico y la radio. Soldados de este combate a deshora. Una raya para intuir que las trascendentes epopeyas de unos son también, al cabo del tiempo, las proezas de otros.

Desde los lados en que fuese escrita esta crónica, se diría que la línea que separaba los mundos de sus protagonistas interpretaba a aquella que debió trazarse el planeta desde finales de 2019 por encima de su propio ecuador. Idéntica a la que acordamos dibujar en nuestro suelo el pasado 11 de marzo, cuando se conocieron en Cuba los primeros casos positivos a la Covid-19. La misma que nos confinó a los hogares en nombre de la vida, en necesario acto de aislamiento.

Una línea en el piso, en la conciencia e imaginario social, dividió la realidad que compartimos para retarnos con la luz del horizonte. Otro límite, otra frontera, a dos o tres pasos de nuestra voluntad de vivir. Una raya, maquiavélica, que nos ocupa planeando el futuro; lo primero que haremos cuando todo pase. Porque incluso, abrumados por la incertidumbre, el dolor de las muertes y el trauma de estos rostros escondidos, no renunciamos a soñar el momento en que sea la pandemia la que nos abandone.

Ese día volveremos otra vez al mismo lado en que el mundo comenzó a corromperse.

*Texto publicado originalmente en Periódico 5 de Septiembre