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Ensimbo guanco toto son las palabras que el visitante debe pronunciar mientras inclina su cuerpo para tocar la roca ubicada a la entrada del cabildo. En lengua conga es una especie de saludo o permiso, requerido antes de adentrarnos en el misticismo del tradicional Toque de Makuta, la principal ceremonia del Casino de Los Congos en el municipio cienfueguero de Lajas y la única en Cuba que venera a la bandera nacional.

Aunque el templo fue construido en 1886, al producirse entonces la abolición de la esclavitud, los festejos preceden ese hecho. Como esclavos del central Caracas —propiedad del venezolano Tomás Terry— los negros de origen congo cantaban y bailaban la makuta, jolgorio sagrado en devoción al santo católico San Antonio de Padua; para ellos Masamba, y en la Regla de Ocha, Ogún.

Reiterado a lo largo de más de 130 años en las jornadas del 12 y 13 de junio, el ritual todavía conserva su hechizo para los pobladores del barrio La Guinea. Así —dicen— lo bautizaron los blancos de la época, al suponer que la mayoría de los negros asentados en el lugar habían sido traídos de Guinea Bissau. Ahora la fiesta es de muchos colores, lo mismo que el barrio, y los vecinos se muestran curiosos, expectantes, como si escucharan la makuta por primera vez.

Participar en la ceremonia “tiene su cosa” para alguien poco habituado a la religiosidad afrocubana. El ambiente se manifiesta cargado de creencias, magia y de códigos que, por desconocidos, generan un mestizaje de sensaciones: rechazo, temor, respeto…Solo el acto de reverencia a la piedra, antes de poner los pies en el templo, sujeta en sí el peso simbólico de la tradición. La roca —cuentan— la trajo un esclavo atada a su cuello y saludarla resulta, más allá de lo místico, otro modo de recogimiento ante la esclavitud.

Dentro del cabildo es apreciable el altar a San Antonio de Padua, con la efigie católica del santo fusionada con las lanzas atribuidas a los congos fallecidos, los tambores y la tinaja de barro donde se acumula el agua todo el año. Prevalece allí el sentimiento de congregación y las personas asumen, con una ramita de albahaca blanca sobre la oreja, la esencia fantástica del festejo: despojar a los malos espíritus de todas las puertas y ventanas.

El Toque de Makuta lo compone, fundamentalmente, el Juramento de la Bandera. Previo a la constitución de la República en 1902 los congos empleaban el estandarte de África, pero desde esa fecha la bandera cubana fue incluida como parte del ritual. Con ella, danzada al interior del cabildo, al ritmo del canto y baile folclóricos, se ahuyenta lo malo y se atrae lo bueno. La bandera suda en el esfuerzo y al final, como gratitud o recompensa, los hijos la besan.

No existe en el país adoración más hermosa. Allá en La Guinea lo saben y en la humildad de sus calles y casas —frente el acecho de cámaras y celulares— cuidan con celo la herencia legada por los negros, congos reales y mandingas, resumida en la genuina vocación patriótica de su ceremonia mágico-religiosa.